El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.
El error más peligroso y más persistente contra el cual los teólogos del nuevo testamento tuvieron que luchar, fue la doctrina de las emanaciones. La persistencia de este error radica en su afinidad con el concepto cristiano de la mediación entre Dios y los hombres. Su peligro resulta de su completa inconsistencia con la idea cristiana de la persona y obra del mediador. El concepto que tenía el judío de Dios, el cual concebía a Dios como “yo soy,” tendía cada vez más con el lapso de las edades a separarlo de todo el contacto inmediato con los seres creados. Era el alarde natural de los judíos decir que Jehová moraba en luz inaccesible. Este era el contraste con los dioses humanos de los griegos. Un sentido de profunda conciencia de pecado y abatimiento espiritual, consolidaban la idea para el hebreo, que Dios estaba detrás de un velo inaccesible. Si, realmente Dios es un ser absoluto, enseñaban los gnósticos, él no puede ser el creador real del mundo. Debemos suponer (decían los gnósticos) la existencia de una emanación o una serie de emanaciones de Dios. Es decir un acoplamiento de seres adicionales cada uno menos divino que el otro, hasta que lleguemos al universo material, donde está el elemento de la divinidad enteramente perdido. Estas emanaciones, según los gnósticos, eran los ángeles, los únicos mediadores posibles entre Dios y los hombres. Algunas teorías vinieron a soportar este punto; otros tomaron otra medida, y adoraban los ángeles, como los mediadores también entre los hombres y Dios. Así los ángeles fueron mirados como mensajeros o los apóstoles de Dios y los reconciliadores o los sacerdotes para los hombres. Estos maestros enseñaban que toda la materia era malvada y el asiento del pecado, que todo lo que se hacia con el cuerpo era malo, y que el cuerpo era la prisión del alma. Que por lo tanto la creación material no habría podido venir directamente de un buen Dios, sino estaba en cierto sentido opuesto a él, o, en todo caso, estaba separado de él por un gran golfo. El espacio vacío. Una cadena de seres, medias abstracciones y medias personas, servían de puente para llegar a Dios, espíritus guías y canales, cada uno de ellos era mas material que el inmediato superior La Biblia enseña que Cristo es la imagen visible del Dios invisible, antes que toda la creación, heredero de todo, y creador de los Ángeles. Dios quiso que en él habitase toda la plenitud de la deidad. Aun en su humanidad moraban todas las cualidades divinas, de modo que Cristo no era una emanación de Dios, ni una emanación humana. Sino que es el mismo Dios.
No hay necesidad de una muchedumbre de seres vagos para ligar el cielo con tierra. Jesucristo pone su mano sobre ambos. Él es la cabeza y la fuente de creación; Él es la cabeza y la fuente de vida de su iglesia. Por lo tanto él es el primero en todas las cosas. Cristo es la manifestación y la imagen perfectas de Dios. En él se hace visible lo invisible. Por él sabemos todo lo que necesitamos saber de Dios. El es el primero que debe ser amado, escuchado, y adorado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario