jueves, 1 de mayo de 2008

QUE ES SER BIENAVENTURADO

Uno de los pasajes más amados y a la vez más discutidos de los creyentes es, precisamente, el que contiene las bienaventuranzas. Muchos discuten vehementemente su forma de interpretación. Los idealistas piensan que es un hermoso sermón para ser admirado y alabado, pero totalmente irrelevante para ser aplicado en el mundo en que vivimos: es imposible llevarlo a la práctica. Los teólogos liberales, por su parte, creen que es la pura esencia del cristianismo, contiene todo lo que se necesita saber para vivir la vida cristiana. “Si tan solo las naciones lo aplicaran, habría paz”, dicen ellos. Los dispensacionalistas, por su parte, sostienen que son normas que no son validas para la era presente. Scofield, en su Biblia anotada, afirma:” “El Sermón del Monte en su forma primaria, no presenta en su aplicación ni el privilegio ni el deber de la iglesia, estos se hallan en las epístolas”. Pero como dijo el famoso comentarista de los Hermanos, Charles F Hogg, “esto es mutilar el sermón del monte”.

Las normas morales que presenta el sermón del Monte, son tan elevadas que parecen inalcanzables, sin embargo son el perfil del verdadero discípulo, son las cualidades que distinguen al discípulo, es la moral que caracteriza los ciudadanos del reino de Dios, y teniendo en cuenta que para entrar en el reino de los cielos hay que nacer de nuevo (Juan 3.3), las bienaventuranzas son entonces el equivalente a andar en novedad de vida. Ante este argumento, las teorías que sostienen que no están vigentes, se desploman. Las bienaventuranzas son las cualidades, actitudes, y bendición, de los que viven en el Reino, que es una realidad presente a la vez que una manifestación futura (” Es un ya y un todavía no”).
En el Sermón del Monte, Cristo está moldeando el carácter, la moral y la voluntad de sus discípulos. Mesiánicamente, es la ética del reino con validez actual, es el reino ya actuando a través de nuestras actitudes. Porque, para Cristo, toda ética era la ética del Reino. Los valores morales de sus discípulos estaban formados, determinados y ligados a existencia del Reino tanto presente como futura. La esperanza del reino es la piedra de toque que depura la moral del discípulo de Cristo.

Ahora si queremos entender cabalmente las bienaventuranzas, necesariamente tenemos que comprender la realidad histórica en que se dieron. Cuando Cristo hizo su aparición en la tierra, el mundo judío estaba lleno de expectativas, esperando el reino prometido desde siglos antes. Seria ilógico, además de absurdo, pensar que tanto Cristo como Juan empezaron a anunciar la llegada de un reino, apelando a Moisés y los profetas como confirmación y que la gente los siguiera, si en realidad no esperaran ni conocieran a lo que se estaban refiriendo. En realidad las gente siguió a Cristo, llevada por la expectativa del reino, pero pronto se dieron cuenta de que lo que enseñaba Cristo era “Una idea mesiánica nueva” y que la esperanza cristiana de Jesús era completamente diferente.

Las expectativas de los judíos eran carnales; los requerimientos del reino, según Jesús, eran diferentes. Cristo está diciendo que no son los ricos, los guerreros, los orgullosos de cumplir la ley, los ciudadanos del reino; que no son ellos los felices en el reino de los cielos. “Las prostitutas irán delante de ustedes al reino de los cielos", dijo Cristo. Esta paradoja ofendió a la esperanza y la creencia judía. Era el rompimiento con los ideales más sagrados de la nacion israelita; se constituía en una gran bofetada para el ego de los judíos ortodoxos, que añoraban la hegemonía política. Lo triste es saber que, hasta última hora, en Hechos capítulo 1, los discípulos no habían podido asimilar la visión cristiana de reino, ni se habían podido desprender de su concepción judía de reino.

Las bienaventuranzas entonces son la visión cristiana de lo que es el reino de los cielos, a diferencia de la concepción judía. Significan, además, el rompimiento con el concepto judío de reino.
Para los que han leído los frutos del Espíritu (Galatas 5..22ss) y las bienaventuranzas, y no poseen un conocimiento aunque sea elemental de lo que es interpretación bíblica , ambas no pasan de ser una recurrencia, o sesa, ideas que se repiten. No es menos cierto que la Biblia trata la ley de la recurrencia como una forma pedagógica básica de mucho éxito, y no es menos cierto, también, que la repetición es la madre de la memoria; pero en esta ocasión no es una mera repetición: los frutos y las bienaventuranzas son dos verdades de un mismo mundo, el mundo del discipulado.

Las bienaventuranzas son recompensas por actitudes; los frutos son exigencias de la vida espiritual. Toda la moral que enseñó Cristo está fundada sobre la base de actitud-recompensa: serán recompensados por el servicio (Mateo 10,29-30), por la caridad (Lucas 14.13-14), por la humildad (Lucas 14.10-11), por el amor a los enemigos (Lucas 6.35); serán perdonados si perdonan (Mateo 6.14).

Pablo, con los frutos del Espíritu, esta hablando de los resultados de una vida espiritual. Lo que en Galatas es producto del Espíritu, en las Bienaventuranzas es una libre realización. Por medio de un acto voluntario, el ser humano se conforma o no se conforma al discipulado. Al ser un código del verdadero discipulado, las bienaventuranzas entonces son un acto voluntario de seguir a Cristo.
El pastor Luis Llanes ha escrito: “El fruto del espíritu es una consecución lógica del actuar interno del Espíritu Santo en la vida del creyente, las bienaventuranzas son una proposición de Cristo basada en un efecto-estado: la felicidad”.

Sumado a todo eso, se debe agregar que las bienaventuranzas están dentro de unos ligamentos históricos-proféticos-escatológicos, del que no se pueden sacar sin correr el riesgo de mutilarlas. Están unidas a su pasado, pues son el resumen y la ordenación de las promesas hechas a Abraham y David, de una tierra, una descendencia y un reino; y están ligadas a un futuro escatológico, pues son el pórtico de entrada al reino milenial de Cristo.

En suma, las bienaventuranzas no son la descripción de un tipo de carácter cristiano, sino que son las cualidades y experiencias que, combinadas, constituyen el carácter ideal.Esto nos lleva entonces a hacer la pregunta

¿Qué es un cristiano bienaventurado? Dice Pete Scheem, profesor titular de teología en el Seminario Teológico Bautista: “En el uso moderno, el término ha devaluado mucho en su significado espiritual”; y es sabido que en el lenguaje de las bienaventuranzas el Señor indica no solo los caracteres que reciben bendición sino también, la naturaleza de lo que es el mayor bien (Vine).

Cuando se le pregunta a la mayoría de las personas, estas responden: “Tres veces feliz”. Otros dicen “Dichoso”. Pero el significado es mucho mas profundo que eso. En la literatura griega del tiempo de Cristo, era un término que describía dos condiciones diferentes:

En primer lugar era un vocablo aplicado a los dioses: Theon Makaron, ”Los siempre felices e inmortales dioses" (así lo usa Homero en "La Iliada”). Otras veces se nombraba a Zeus (el dios principal del panteón griego) como “oi Makares”= "El bienaventurado” o "El dios". A los dioses see les llamaba "bienaventurados", por no estar sujetos a la muerte, a los sufrimientos terrenos, a las labores diarias. En segundo lugar, se aplicaba a los hombres que tenían un buen estado social, que tenían riquezas, y fortuna.

Al recurrir Cristo al mismo término, no solo lo legitimó sino que lo utilizó para describir el estado del discípulo, dentro del rein. "Bienaventurado" es, entonces, la única palabra que puede describir las bendiciones de que goza el creyente. Encierra la idea de que todas las riquezas del cielo le pertenecen. por eso Pablo dijo: “que somos bendecidos con toda bendición celestial”.

Por reino se entiende “El dominio o área de influencia que abarca el poder y autoridad de un rey”. En Génesis, 1 Dios creó al mundo. En Génesis 3, el hombre se rebela contra la autoridad de Dios. De Génesis 4 a Apocalipsis 22, Dios está tratando de hacer que el hombre entre nuevamente a Su reino. Dios se está moviendo a través de la historia para empujar al hombre nuevamente a Su reino. Bienaventurado es, entonces, algo más que ser feliz. Es haber entrado al reino y ser poseedor de todas las bendiciones y derechos que provienen de ser un ciudadano del reino de los cielos

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias, por este artículo, tan claro, bendiciones.

Visite también...

VISITE ESTOS ESPACIOS DE INTERES


http://joyasdelabiblica.blogspot.com/



Archivo del Blog

Contenidos del blog